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viernes, agosto 29, 2025

Escraches, repudio social y corrupción: Milei acelera hacia su propio fracaso

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Fugaces y feroces, los acontecimientos se suceden. El presidente le grita a un micrófono: amenaza a su ex abogado y amigo Diego Spagnuolo. Minutos más tarde, frunce el ceño ante un diluvio de insultos. Quien solía vanagloriarse del vínculo directo con las multitudes, acelera la huida. Ridiculizándose, pariendo toneladas de memes, José Luis Espert acompaña la fuga: va en moto. Estilo Cine Zeta, la postal delinea la crisis política que arrecia sobre el Poder Ejecutivo nacional.

Javier Milei ganó su derecho al repudio social. Al hostigar a Ian Moche. Al celebrar, con brindis y asado, el hambre de jubilados y jubiladas. Al alentar, violento, cada palo, golpe y gas contra manifestantes, periodistas y fotoreporteros. Rostro y voz de un ajuste feroz que empobrece a millones, ya sufre el temor al escrache callejero. Lleva en sus hombros las marcas de la casta.

Banderas manchadas

Convertido casi en culebrón, el escándalo por las coimas en Discapacidad asciende en intensidad y novedades. Mezclando a Diego Spagnuolo, Karina Milei y “Lule” Menem con Marcela Pagano, Franco Bindi y Fernando Cerimedo, entre otros, desnuda la actividad permanente de espías y servicios de inteligencia, siempre enlazados a grandes medios, poder político y élites económicas.

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El Gobierno no puede esperar buenas noticias. Logrará, en el mejor de los casos, desacreditar las acusaciones de Spagnuolo. Pero la denuncia daña su bandera más preciada. La dirigencia de La Libertad Avanza es, al fin y al cabo, el verdadero “Partido del Estado”.

Diego Corbalán, del staff de Monitor Digital, mensura el impacto del escándalo en las redes sociales. En diálogo con La Izquierda Diario, compara con lo ocurrido tras la criptoestafa: “Los dos episodios tuvieron niveles de negatividad altísimos. En la semana posterior a los hechos, el caso Libra mostró un 90% de negatividad hacia el Gobierno. Hoy ese tópico está en 92% a raíz de Discapacidad”. El daño parece, sin embargo, mayor. “A diferencia de lo que pasó con Libra, donde la palabra corrupción aparecía de manera más marginal, ahora está casi en primer plano y asociada al apellido Milei”, añade.

Desganada y frágil, la moral liberal-libertariana decae. Sergio Morresi, investigador, doctor en Ciencias Políticas y compilador del libro Está entre nosotros, grafica: “A los propios activistas libertarios les pegan este tipo de escándalos. Eran cosas que ya se venían discutiendo internamente”. De cara al inmediato calendario electoral, agrega que “cualquier escándalo público no produce necesariamente efectos. Pero cuando se enmarcan en una situación económica dura como la que estamos atravesando, los escándalos públicos sirven como para poner en crisis a los gobiernos”.

Problema estructural del capitalismo, la corrupción emerge en cada gobierno, más allá de su signo político. Imborrables, aparecen sus consecuencias: en crímenes sociales como la Masacre de Once; o en estafas eternas como el soterramiento del Tren Sarmiento. Allí están, también, nombres y apellidos emblemáticos: Ricardo Jaime, Julio De Vido, José López, Ángelo Calcaterra o Jorge Balán, por solo citar algunos. La lista es inmensa, kilométrica.

La gestión mileísta no es ni podía ser la excepción. En este caso, el combo corrupción + crisis social acelera las múltiples tensiones que recorren una sociedad hastiada de promesas fallidas.

El empleado del mes en la cuerda floja

Exagerando al infinito las formas, Javier Milei se ofreció como herramienta política del gran capital; como instrumento de un feroz agravio contra las condiciones de vida de las mayorías trabajadoras. Cumplió lo prometido: fue la motosierra del poder económico que habita detrás de todos los gobiernos.

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Pero el esquema engendró multiplicidad de tensiones. A las contradicciones estructurales, el Gobierno añadió otras, propias de un pragmatismo electoral que nubla la vista. Intentando contener el dólar y la inflación, Milei y cía. empujan al caos, la recesión y la pobreza.

Lógicamente, el malestar se extendió hacia abajo, hacia las y los millones que padecen el ajuste. Pero también hacia arriba, hacia el interior de ese empresariado que, mientras fuga divisas y evade impuestos, reclama más y más reforma laboral. Allí, entre los pliegues de la riqueza obtenida en base a la explotación obrera, brotan exigencias.

Hace una semana, cuando el Spagnuolo-Gate ascendía, Paolo Rocca volvió a hablar contra las importaciones desde China y demandó “nivelar la cancha y pensar cómo fortalecer el sector industrial. La manufactura es un componente fundamental del desarrollo del país”. El grupo empresario que tiene sede legal en el paraíso fiscal de Luxemburgo se atreve a hablar de “desarrollo nacional”. La caradurez es total. Atiende, sin embargo, a una tensión real. En los primeros siete meses de 2025, las importaciones argentinas desde China subieron un 73,9% comparando con el mismo período del año anterior.

El gran capital ejerce la defensa de sus intereses hablando en nombre de la “industria nacional”. La hipocresía se devela en cada ataque al salario y a los derechos laborales; en cada despido; en cada reclamo de reforma laboral. El mismo Paolo Rocca es, por estas horas, es protagonista de una dura pelea contra los trabajadores metalúrgicos de decenas de contratistas, que desempeñan funcionen en Ternium-Siderar y exigen un salario acorde a sus necesidades.

Salir de una interna solo para ingresar a otra: el peronismo en campaña

Olfateando un posible fracaso electoral, el oficialismo se aferra a la tabla de la polarización política. Repitiendo “kirchnerismo” cada tres segundos, intenta atraer el amplio voto antiperonista que habita en franjas de la población.

Moderando programas y candidatos, el peronismo busca esquivar el abrazo polarizador. Habita, al mismo tiempo, su propia crisis, saliendo de una interna para ingresar a otra. Mientras tanto, continúa en esa parsimoniosa orientación que consiste en dejar hacer a Milei, esperando retornar de la mano de las urnas. En ese dejar hacer se inscribe el abandono de la lucha contra la proscripción política y la cárcel de Cristina Kirchner. Reducida a modesta consigna electoral, Cristina Libre conforma apenas un piadoso deseo.

Condenado por su último fracaso gubernamental -que llevó por nombre Frente de Todos-, el peronismo tampoco puede expresar electoralmente la resistencia a Milei. Porque su dirigencia sindical y social optó tanto por la traición como por la tregua y la moderación. Porque su dirigencia política se entregó, en muchas ocasiones, a la rosca por cargos. Porque su estrategia fue -y sigue siendo- la espera impotente al derrumbe mileísta.

Las listas electorales cristalizan esa trayectoria. Resulta lógico que muevan al desinterés, la apatía y el malhumor entre sus simpatizantes.

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Fotos, abrazos y apoyos: el Frente de Izquierda en campaña

Jueves por la tarde. El predio de la Universidad de La Matanza funciona como un focus group a cielo abierto. “Ustedes son contestatarios en serio”, dice un joven. “Yo tenía 16 años y voté a Milei, hice mal”, complementa otro, no mucho mayor. Entre sus interlocutores está Nicolás del Caño, candidato a diputado en la Tercera Sección de la Provincia de Buenos Aires. Recibe abrazos y saludos. Le piden fotos; una atrás de la otra.

🔥 En la UNLaM @NicolasdelCano se cruzó con pibes y pibas, laburantes que no se resignan.⁰👉 De cara al 7S llevamos las ideas del Frente de Izquierda: en tiempos de ajuste y corrupción, somos la voz de quienes luchan.
💥 Nuestros candidatos no se venden, no transan: están con el… pic.twitter.com/z7alF4t8zZ

— PTS | Frente de Izquierda Unidad (@PTSarg) August 28, 2025

La simpatía que despierta la campaña del Frente de Izquierda es síntoma de la situación política. Para muchos y muchas, esa fuerza corporiza una oposición decidida y coherente; expresa voluntad de resistencia y combate. Esto no tiene nada de causal. La izquierda es un rostro presente en cada lucha. Una presencia constante cada miércoles, cuando marchan jubilados y jubiladas contra el ajuste. Una voz de denuncia firme en cada sesión del Congreso, las legislaturas provinciales o los Concejos Deliberantes.

Esa simpatía se traduce en números. La Consultora CB acaba de publicar un relevamiento donde Myriam Bregman alcanza un 14,3% de intención de voto como candidata a diputada nacional en CABA. Hace horas nomás, otra encuestadora, Tendencias, confirmó casi el mismo porcentaje: 14,2%. Por su parte, Christian “Chipi” Castillo, candidato a senador en la misma lista, se arrima al 9%.

Repletas de trabajadores y trabajadoras, jubiladas y jubilados, estudiantes y numerosos luchadores, las listas del Frente de Izquierda plantean, también, otra perspectiva frente a la crisis: la de preparar una gran lucha nacional. Una gran pelea de masas que, aprovechando la debilidad nacional, se despliegue potente hasta derrotar el esquema ajustador de Milei y el gran capital.

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Crisis con final abierto

Javier Milei transita un tiempo de crisis aguda. El escándalo por la coimas en Discapacidad alcanza al corazón de su relato político-ideológico. Hiere, asimismo, su núcleo fundamental de poder, organizado alrededor de su hermana Karina. No tiene a mano soluciones sencillas.

En este crítico escenario emergen multiplicidad de operaciones, rumores y relatos. El poder detrás del poder discute salidas, caminos, opciones Infinidad de intereses se entrecruzan. Nada parece indicar, por ahora, la existencia de una salida consensuada a la crisis. Al pos-mileísmo todavía le faltan demasiados trazos.

Existe una certeza: ninguna de las salidas que se cocinan en la cúspide del poder será favorable a las mayorías trabajadoras y populares. Allí no se debate un programa alternativo al del actual gobierno. Se intentan delinear las condiciones para instrumentarlo más eficazmente.

Eso impone a la clase trabajadora preparar su propia salida. Debatir y proponer un programa ante la crisis nacional. Desarrollar la necesaria discusión acerca de la construcción de un gran partido que haga pesar su fuerza social en la escena política nacional.

Nota al pie sobre “la violencia”

El 1° de febrero de 2024, en una de las movilizaciones contra la Ley Bases, un balazo de la Policía Federal le quitó la vista en un ojo a Matías Aufieri, abogado del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos. El miércoles 12 de marzo de 2025, un gendarme disparó a la cabeza del foto-periodista Pablo Grillo, dejándolo gravemente herido. Ese mismo día, en la misma movilización, un prefecto le disparó a Jonathan Navarro, dejándolo ciego en un ojo. El Gobierno de Javier Milei, Patricia Bullrich y José Luis Espert defendió todas esas represiones brutales. Ahora denuncian la “violencia política” porque fueron escrachados. El cinismo es absoluto. Y absolutamente repudiable.

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